sábado, 17 de junio de 2017

Aqua.

Se respiraba el fresco aroma a bosque en el aire, mezclado con una pequeña pizca de brisa marina que venía de la costa lejana.
El sol, radiante, brillaba majestuoso en un cielo azul con pocas nubes, tan puras y blancas, cómo si fueran suspiros, que hacían parecer un cuadro a las vistas.

Kenthiray paseaba tranquila por la pradera que había frente al castillo, mirando de reojo ese bosque espeso y verde cómo el jade. La llamaba, sentía que algo la llamaba en las profundidades de ese follaje, así que entró tranquilamente​, guiada por un susurro de aguas tranquilas.

Poco transcurrió hasta que nuestra reina loba encontró lo que buscaba, algo que llevaba mucho ansiando ver con sus propios ojos.

La cascada, preciosa, terminaba en un lago apacible donde las ninfas del bosque jugaban alegremente con el agua entre risas, risas que se mezclaban con el arrullo del arroyo que se adentraba en el bosque y del que nacía la cascada.

Sin pensarlo dos veces, la joven dejó su morena piel al descubierto, sin vergüenza alguna y se zambulló en las cristalinas aguas, que gracias al fondo del lago, tomaban un tono aqua.

El agua refrescaba, pero no era helada, los juguetones rayos de sol que se colaban por la espesura la calentaban lo justo para que fuera perfecta.

Y ahí quedó Kenthiray, boca arriba mientras se dejaba mecer por las ondas que creaba la cascada en el lago, mirando la gran cúpula verde por donde se colaban los rayos dorados, sonriendo para sí misma mientras en su cabeza se arremolinaban pensamientos felices.

domingo, 21 de mayo de 2017

El nuevo Elrhir.

A veces las cosas cambian, quizá porque ya se había acabado su tiempo, quién sabe, o quizá sólo por simple necesidad.

Ahora el castillo irradiaba luz, era del color de la arena calentada por el sol en un atardecer de verano, entre dorado y beige, el color negro había desaparecido y esa niebla densa y gris que lo rodeaba siempre ya no estaba, daba paso a una brisa que mezclaba el olor del bosque con el del mar.

Los olores a pino, lavanda y valenwood también estaban presentes por todas partes, haciendo que una primavera eterna reinase en todo el lugar, calmando los corazones y las mentes agitadas.

Risas y susurros alegres corrian con el viento por todo el reino, culpa de elfos y ninfas que se pasaban los días cuidando de la vida del bosque.

Templos aquí y allá hacían acto de presencia. Nuestra reina presentía que cada uno de ellos se ubicaba en un punto cardinal, pero sólo conocía dos, por mucho que tuviera intuición de otros tantos más.

Si bien el antiguo Elrhir era hogar de lobos, el nuevo Elrhir estaba más que plagado de ellos, blancos por la zona de las montañas nevadas que colindaban con Irdhün, grises y pardos en las profundidades del bosque. Todas las noches los aullidos arrullaban a quien durmiera en el castillo, que bien parecía tener la capacidad de absorber todos los sonidos del exterior y convertirlos en una nana.

Sirenia ya no tenía río, ni cascada, tampoco había lago de Cristal... Sin embargo, un gran lago sólo para ella y repleto de preciosos nenufares estaba en alguna parte del bosque, ahora mucho más amplio.
También había un lago a dónde habían ido a parar todos los cristales curativos que brillaban cómo rayos de sol, pero esta vez, más escondido.

La pradera que había delante del castillo era una preciosidad, pues el dorado de las espigas y el violeta de la lavanda se mecían cómo una marea tranquila con el viento.
Detrás de la vivienda de Kenthiray y hacia la derecha, se extendía una preciosa playa de arenas blancas. El castillo estaba a la izquierda de la costa, sobre un acantilado dónde las olas rompían con ímpetu.

Si bien era un nuevo reino, también era una nueva oportunidad, esta vez, todo saldría bien, estaba segura, lo notaba en el aire, se lo susurraban los árboles.

La sensación de vivir. Pte 2.

 — ¿Quieres la mazmorra o prefieres una suite? —dijo él muchacho zarandeando un poco más el saco con expresión divertida.

— ¡No hagas eso que me da la sensación de que me voy a caer! —gritó la reina, agarrándose a lo que, ella suponía, era la espalda de Vaalkirar—. Con tus aposentos me vale, pero lo de la
suite… —Kenthiray dejó escapar una risita, tapándose cómo pudo la boca para que no
resultara tan evidente.

— ¿Así? —la malicia cruzó el rostro del joven, que hizo movimientos más bruscos con el saco y amagó un lanzamiento a larga distancia.

— ¡Mi amor! ¡No me seas…! —la pobre chica ya estaba mareada y cerró los ojos mientras se agarraba cómo podía a la áspera tela del saco.

—Dime, cariño —Valkirar soltó el saco en el frío suelo de piedra, sentándose en una butaca con expresión apacible, cómo si no hubiese pasado nada.

Kenthiray abrió los ojos, sintiendo que la tela ya no se ceñía a su alrededor y observando los
aposentos del Mariscal con expresión ceñuda hasta posar sus ojos sobre este, gruñéndole, sin darse cuenta de que estaba totalmente despeinada.

—Eres perverso, me chinchas, no se chincha a una reina.

— ¿Cómo que no? Además, aquí no eres reina, cariño —su voz era melosa y divertida. Se encogió de hombros mientras la observaba, ahí, sentada en el suelo. Ella abrió la boca en un gesto de indignación y le miró directamente a esos ojos verdosos cómo el mismísimo bosque, con un toque amarillo que aparecía de vez en cuando.

— ¡Blasfemia! Lo soy siempre, ser reina se lleva por dentro, tesoro —sin querer, un gesto de superioridad salió a la luz, pero Valkirar no lo pasó por alto y empezó a reír de forma sonora.

—Aquí no, no hay reyes que valgan, así que te aguantas. En Irdhün Shartal domina la Ley Marcial —hizo un gesto de confusión y luego sonrió—. Más o menos, porque al final cada uno es libre y tengo un popurrí de razas por ahí.

Al oír ese nombre, Kenthiray ladeó la cabeza mientras se levantaba y se alisaba el vestido. Miró a Vaalkirar de forma interrogativa y se acercó para sentarse sobre sus rodillas.

— ¿Desde cuándo existe ese nombre? Y… si no soy reina aquí, ¿qué se supone que soy?
¿Representante de Elrhir en primer grado? —alzó una ceja, esperando la respuesta de forma ansiosa.

— ¿Desde cuándo necesitas una invitación formal o representativa para venir? —el joven arqueó una ceja y negó con la cabeza—. Ese nombre existe desde siempre, incluso desde antes que yo, pero es más fácil decir simplemente Irdhün.

La muchacha parpadeó varias veces y luego asintió, sonriendo.

—En realidad no me lo había planteado, pero cierto… Y me gusta el nombre, tiene fuerza —un bostezo hizo sentir a la muchacha la somnolencia contra la que había estado luchando todo ese tiempo y, sin querer, entre conversaciones sobre ambos bosques, sobre criaturas mágicas
y otras no tan mágicas, nuestra amada reina volvió a dormir tranquila, pero, esta vez, no en Elrhir, no en sus aposentos… Y tampoco sola.